La expansión acelerada en la contratación de plataformas de streaming de video bajo demanda por suscripción (SVOD, por siglas en inglés) en México ha traído consigo un fenómeno que comienza a tomar impulso, esto es el aumento en las tasas de churn o cancelación.
La evolución del hogar inteligente en México ya no puede verse como una tendencia incipiente, sino como una extensión natural de la expansión de la conectividad.
En esta temporada de San Valentín, la tecnología se consolida como un habilitador clave de nuevas formas de celebrar, conectar y organizar la vida en pareja, dando paso a una versión cada vez más cotidiana de la digitalización del amor.
Desde su irrupción en la vida diaria, la tecnología y las aplicaciones digitales han logrado permear prácticamente todas las actividades cotidianas, desde el trabajo y el estudio, hasta la comunicación, la movilidad y el consumo de alimentos, entre muchas otras.
La adopción de dispositivos inteligentes en los hogares ha dejado de ser una tendencia emergente para convertirse en una realidad cotidiana. Cada vez más familias integran asistentes de voz, sistemas de seguridad conectados, iluminación automatizada y electrodomésticos inteligentes, entre muchos otros, en su vida diaria.
Durante años se refirió, casi con ligereza, la muerte de la voz, que las llamadas ya no importaban, que los datos habían desplazado por completo a uno de los servicios fundacionales de las telecomunicaciones.
El mercado de las telecomunicaciones en México ha atravesado una transformación estructural profunda en las últimas dos décadas.
Durante décadas, la industria audiovisual se midió con métricas pensadas para un consumo ordenado, predecible y concentrado en una sola pantalla. Ratings, horarios estelares y hábitos relativamente estables permitían realizar un mapeo claro y útil de la atención.
El consumo audiovisual global está en un punto de inflexión significativo. La medición tradicional de audiencias a través de medios y canales lineales tradicionales ya es insuficiente para capturar los hábitos y preferencias reales de los espectadores.
Inicialmente la Inteligencia Artificial (IA) fue concebida como una promesa distante, asociada más al imaginario de la ciencia ficción y a los laboratorios de investigación que a la vida cotidiana de los usuarios.
Durante años, la Inteligencia Artificial (IA) era percibida como una promesa lejana, asociada a laboratorios, ciencia ficción y soluciones inaccesibles para la mayoría de la población.