Videojuegos: #JugarNoEsCosaDeNiños
Durante años, hablar de videojuegos era sinónimo de entretenimiento infantil y juvenil, pero esto ha cambiado radicalmente y en la actualidad es una actividad que se practica de manera transversal entre todas las generaciones.
El gaming se ha convertido en una de las industrias creativas y tecnológicas de mayor dinamismo en México, impulsada por la digitalización, la conectividad, la multiplicidad de dispositivos que la sustentan (smartphones, consolas, pantallas planas y tabletas, entre otros) y una base de usuarios cada vez más amplia, diversa y diversificada.
Gaming en Números. Al cierre de 2026, México alcanzará 76.2 millones de videojugadores (62.7% de la población de seis años o más), es decir, 2.3 millones de nuevos jugadores respecto al año previo.
Por el lado monetario, la industria generará $43,590 millones de pesos en ingresos, un crecimiento anual de 2.9%, más del doble del avance esperado de la economía mexicana.
Estos datos confirman que el gaming dejó de ser un nicho para convertirse en un componente estructural de la economía digital.
#JugarNoEsCosaDeNiños. Quizá el cambio más significativo no está en el tamaño del mercado, sino en la transformación de quienes lo integran. Como se ha mencionado arriba, predominaba la idea de que los videojuegos eran una actividad meramente juvenil pero esto ha cambiado.
Los menores de 20 años representaban casi la mitad de los jugadores en 2020, hoy constituyen poco más de una tercera parte. Son ahora los segmentos etarios de entre 21 y 50 años, e incluso los mayores de 50, quienes registran el crecimiento más acelerado.
Ello refleja que el videojuego acompaña a generaciones que crecieron con esta forma de entretenimiento y que ahora mantienen ese hábito durante su vida adulta. Ya no se trata de abandonar los videojuegos al cumplir cierta edad, sino que el mercado simplemente ha madurado junto con sus consumidores.
Smartphone: Dispositivo Democratizador. Otro de los grandes catalizadores de esta transformación es el smartphone. Hoy, 85.9% de los videojugadores utiliza un teléfono inteligente para jugar, muy por encima de las consolas tradicionales (22.5%). En otras palabras, el dispositivo móvil se ha convertido en la verdadera "consola de bolsillo" para millones de mexicanos.
Su éxito responde a una combinación de factores: accesibilidad económica, portabilidad y un ecosistema de aplicaciones que elimina las barreras de entrada históricas.
Además, el predominio de dispositivos de gama media y alta (9 de cada 10) permite ejecutar títulos con capacidades gráficas y de procesamiento que hace apenas unos años eran exclusivas de equipos especializados.
No obstante, ello no significa el fin de las consolas. En realidad, observamos una segmentación natural del mercado, tal que el smartphone amplía la base de jugadores, mientras las consolas continúan concentrando las experiencias más inmersivas y de mayor valor agregado.
El Siguiente Nivel del Mercado. Paradójicamente, el principal desafío para México no radica en seguir incrementando el número de jugadores, sino en transformar ese enorme mercado de consumo en un verdadero ecosistema de creación.
Al mismo tiempo, persisten riesgos importantes.
La amenaza latente de gravámenes como el IEPS, el incremento internacional en el precio de las consolas y la acelerada transición hacia modelos completamente digitales podrían elevar las barreras de acceso para millones de consumidores.
Sin embargo, el desafío de fondo es desarrollar talento, fortalecer la propiedad intelectual mexicana y consolidar una industria capaz de producir videojuegos competitivos a escala global. Precisamente por ello cobran relevancia iniciativas como la Red de Videojuegos MX, que vinculan academia, desarrolladores, empresas y centros de investigación para impulsar capacidades nacionales.
La verdadera oportunidad no consiste únicamente en que millones de mexicanos jueguen, sino en que un número creciente de ellos diseñe, programe, produzca y exporte videojuegos.
Porque el siguiente nivel del gaming mexicano ya no depende del número de jugadores conectados, sino del talento que logremos convertir en innovación y desarrollo económico.